No preguntó demasiado.
Yo tampoco ofrecí más de lo necesario.
Después de años de que las personas reaccionaran a mi pasado con fascinación incómoda, bromas torpes o fantasías absurdas de fuerza, agradecí que Gregory no insistiera.
O eso pensé.
Ahora entiendo que no preguntó porque no le interesaba quién era yo.
Le interesaba quién podía convertirme en su casa.
Nos comprometimos después de un año.
Fue en una terraza elegante, con luces pequeñas, champaña y un anillo que hizo llorar a mi madre por teléfono.
Gregory parecía nervioso de una forma encantadora.
Me dijo que yo era su hogar.
Que conmigo se sentía completo.
Que no podía esperar para empezar nuestra vida.
Yo dije que sí.
No porque el anillo fuera perfecto.
Porque, durante meses, él me había hecho creer que la calma existía.
La boda fue hermosa.
No enorme.
Pero sí cuidada.
Flores blancas.
Música suave.
Amigos llorando.
Mi vestido ajustado al cuerpo con una elegancia sencilla que me hizo sentir por primera vez en mucho tiempo como una mujer que no necesitaba demostrar nada.
Gregory lloró al verme caminar hacia él.
Eso fue lo que más recordé después.
Sus lágrimas.
Me pregunté muchas veces si fueron reales.
Si algún hombre puede llorar con emoción por una mujer a la que piensa amenazar horas después.
La luna de miel fue idea suya.
Un crucero saliendo desde Florida.
Suite con balcón.
Cenas privadas.
Días completos sin correos, sin reuniones, sin familia, sin ruido.
—Solo nosotros —dijo.
Entonces esas palabras me parecieron románticas.
Solo nosotros.
Después entendí que también podían ser una advertencia.
El barco zarpó al atardecer.
La costa de Florida se iba alejando lentamente mientras los pasajeros brindaban en las cubiertas superiores.
La música llegaba desde algún lugar abierto, mezclada con risas, pasos y el sonido profundo del mar golpeando el casco.
Gregory me rodeó la cintura mientras mirábamos el horizonte.
—Ahora sí empieza todo —susurró.
Yo apoyé la cabeza en su hombro.
—Sí.
Sentí paz.
Eso fue lo último que sentí antes de entrar en la suite.
La cabina era preciosa.
Cama grande.
Balcón privado.
Champaña en hielo.