Beatriz intentó levantarse, pero las piernas no le respondieron. Su hermana la ayudó a sentarse en una banca del recibidor mientras los invitados observaban la escena con absoluto desconcierto.
Renata soltó el brazo de Daniel.
—Explícame qué está pasando.
Mariana pidió a sus hijos que entraran a la sala con Clara, una prima de Daniel que siempre la había tratado con cariño. No quería que los niños presenciaran una discusión que llevaba 8 años esperando.
Cuando estuvieron lejos, abrió su bolso y sacó una carpeta.
—Los 4 son hijos de Daniel —declaró—. Son cuatrillizos y nacieron 7 meses después de que él solicitara el divorcio.
Daniel palideció.
—Eso es imposible. Tú me dijiste que no podías embarazarte.
—Nunca dije eso.
—El especialista aseguró que eras estéril.
Mariana dejó sobre la mesa un informe médico.
—Ese especialista jamás me atendió. El documento que recibiste era falso.
Las miradas se dirigieron hacia Beatriz.
La mujer se cubrió el rostro.
Daniel tomó el informe con manos temblorosas. Comparó la firma, el sello de la clínica y la fecha.
—Mamá… tú me acompañaste a recoger esos resultados.
Beatriz guardó silencio.
—¡Contesta! —gritó él.
—Yo solo quería protegerte.
Mariana soltó una risa amarga.
—¿Protegerlo de qué? ¿De sus propios hijos?
Beatriz respiró con dificultad. Durante años había sido una mujer autoritaria, acostumbrada a decidir qué era lo mejor para todos. Sin embargo, esa noche parecía pequeña y derrotada.
Confesó que nunca había aprobado el matrimonio.
Mariana provenía de una familia trabajadora, mientras que los Alcázar eran dueños de varias inmobiliarias. Beatriz estaba convencida de que su nuera solo quería quedarse con parte del patrimonio.
Cuando Mariana comenzó a sentirse mal y acudió a realizarse estudios, Beatriz se enteró antes que Daniel porque tenía una amiga trabajando en el laboratorio.
Los resultados confirmaban un embarazo múltiple.
Pero Beatriz pagó para que el sobre original desapareciera.
En su lugar, Daniel recibió un diagnóstico falso que aseguraba que Mariana tenía una condición irreversible y jamás podría tener hijos.
—¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? —preguntó Daniel, mirando a Mariana con desesperación.
Ella sacó una pila de hojas impresas.
—Te llamé 46 veces. Te envié correos, mensajes y cartas certificadas. Fui a tu oficina y seguridad me dijo que tenías órdenes de no recibirme.
Daniel tomó las pruebas.
Había capturas de mensajes que nunca había visto, recibos postales y fotografías de Mariana embarazada frente a la recepción de su antigua empresa.
—Mi mamá me dijo que la buscabas para pedirme dinero —murmuró él.
—Tu mamá también fue al hospital cuando nacieron.
La revelación cayó como una bomba.
Beatriz levantó la cabeza de golpe.
—Eso no es cierto.
—¿Neta todavía vas a mentir?
Mariana mostró una copia del registro de visitantes de la clínica.
El nombre de Beatriz aparecía firmado el día del parto, a las 18:42.