—¿Qué acaba de decir esa niña?
Sebastián bajó los escalones. Sus ojos recorrieron a Mateo, Santiago y Lucía.
Los 3 tenían su cabello oscuro.
Mateo fruncía el ceño igual que él cuando estaba nervioso.
Lucía tenía una pequeña marca junto a la ceja izquierda, idéntica a la de su abuela paterna.
—Mariana… ¿quiénes son?
Ella sintió que 4 años de rabia le cerraban la garganta.
—Son tus hijos.
Un murmullo sacudió el jardín.
Verónica se levantó con furia.
—Esto es una locura. Sáquenla de aquí.
2 guardias avanzaron, pero Sebastián levantó la mano.
—Nadie la toca.
Era la primera vez que enfrentaba así a su madre.
Mariana sacó de su bolso 3 actas de nacimiento, fotografías de ultrasonidos y una carpeta llena de cartas devueltas.
—Te busqué durante meses. Fui a tus oficinas, escribí a tu correo y mandé cartas a tu casa. Nunca contestaste.
Sebastián tomó un sobre fechado 4 años atrás. En el frente alguien había escrito con tinta roja: “Rechazado por el destinatario”.
—Yo jamás vi esto.
—También mandé fotografías y un mensaje diciendo que eran 3.
Sebastián miró a Verónica.
—Mamá, ¿tú sabías?
Ella acomodó su chal.
—Sabía que intentaba manipularte.
—¿Sabías que estaba embarazada?
Verónica guardó silencio.
Renata retrocedió.
—No manches… ¿todo esto es verdad?
Verónica la fulminó con la mirada.
—No permitas que una oportunista arruine tu boda.
Mariana soltó una risa amarga.
—Yo no vine por dinero ni por Sebastián. Vine porque usted me invitó para humillarme.
Mostró en su teléfono la nota incluida con la invitación.
Varios invitados empezaron a grabar.
—Quería que yo viera su triunfo —continuó—. Pues aquí está la parte de la historia que escondió.
Sebastián se volvió hacia don Ernesto, empleado de confianza de la familia durante 30 años.
El hombre evitó su mirada.
—Dígame la verdad.
Verónica intentó callarlo, pero don Ernesto respiró hondo.
—La señora ordenó retener toda comunicación de Mariana: cartas, llamadas y visitas. También pidió bloquear su correo y cambiar su número personal.
Sebastián apretó el sobre.
—¿Por mi bien, verdad?
Don Ernesto bajó la cabeza.
—Cuando llegaron los ultrasonidos, me ordenó destruirlos.
Mariana cerró los ojos.
Sospecharlo había sido doloroso.
Escucharlo frente a todos fue peor.
Sebastián se acercó a su madre.
—Me robaste 4 años con mis hijos.