2 meses después, Mariana descubrió que estaba embarazada.
En el ultrasonido aparecieron 3 latidos.
Trillizos.
Intentó comunicarse con Sebastián durante semanas. Envió correos, cartas y acudió a las oficinas familiares.
Nunca recibió respuesta.
Convencida de que él había elegido abandonarla, se mudó a Puebla, crió sola a Mateo, Santiago y Lucía, y levantó poco a poco su centro educativo.
Pasaron 4 años.
Sebastián se convirtió en el empresario impecable que su madre quería. Verónica le eligió como prometida a Renata Cárdenas, heredera de una poderosa familia de Monterrey.
La boda sería en un hotel exclusivo de Valle de Bravo, ante más de 200 invitados.
Entonces Mariana recibió una invitación dorada con una nota escrita por Verónica:
“Ven para que finalmente entiendas todo lo que perdiste”.
Mariana casi la rompió.
Pero esa tarde, Lucía encontró una vieja fotografía de Sebastián y preguntó quién era aquel hombre que tenía sus mismos ojos.
El día de la boda, cuando comenzó el cuarteto de cuerdas, Mariana apareció con sus 3 hijos tomados de la mano.
Sebastián los miró y el rostro se le quedó sin sangre.
Entonces Lucía señaló al novio y preguntó:
—Mamá, ¿ese señor es nuestro papá y hoy se va a casar con otra familia?
PARTE 2
La música se detuvo de golpe.
Más de 200 invitados miraron a Mariana, luego a los 3 niños y finalmente a Sebastián, inmóvil junto al altar.
Renata dejó de sonreír.