Una niña esperó todo el día en la mansión porque su mamá llevaba tres meses sin recibir su sueldo… y cuando vio al patrón, le preguntó: «¿Por qué le mintió a mi mamá?»; él no levantó la voz, solo llamó al contador, sin imaginar que su propia esposa escondía un secreto mucho peor.

La secretaria dudó.

—Señor… don Ernesto salió hace casi una hora.

Rodrigo frunció el ceño.

—Entonces llámelo.

Cinco minutos después, el administrador apareció jadeando, todavía acomodándose la corbata.

Era un hombre de casi sesenta años, impecablemente vestido y con más de veinte años trabajando para la familia Salazar.

—¿Me mandó llamar, ingeniero?

Rodrigo no respondió de inmediato.

Abrió una carpeta con los estados financieros de la residencia.

Después levantó lentamente la vista.

—¿Desde cuándo Rosa Martínez no recibe su sueldo?

El color abandonó el rostro de Ernesto.

—Debe haber un error…

—No te pregunté si había un error.

Te pregunté desde cuándo.

El administrador tragó saliva.

—Tres… tres meses.

Rodrigo sintió cómo algo se rompía dentro de él.

—¿Y quién autorizó eso?

Ernesto bajó la cabeza.

—Yo solamente seguí instrucciones.

—¿Instrucciones de quién?

El silencio duró demasiado.

—Habla.

—De la señora Verónica.

Rodrigo levantó la mirada.

—¿Mi esposa?

Ernesto asintió lentamente.

—Ella pidió revisar personalmente los pagos del personal doméstico.

—¿Por qué?

—Dijo que quería reducir gastos.

Rodrigo golpeó el escritorio.

—¡Tenemos empresas que generan cientos de millones al año!

¡¿Y me dices que mi esposa decidió ahorrar dejando sin comer a una empleada?!

—No fue exactamente eso…

—Entonces explícamelo.

Ernesto respiró hondo.

—La señora comenzó diciendo que sólo sería un ajuste temporal.

Después ordenó retrasar algunos pagos.

Luego pidió cancelar los bonos.

Más tarde suspendió las horas extras.

Y finalmente…

Guardó silencio.

—Continúa.

—…ordenó que algunos empleados firmaran recibos como si ya hubieran cobrado.

Rodrigo sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué acabas de decir?

Ernesto abrió lentamente una carpeta.

Sacó varias hojas.

Las colocó sobre el escritorio.

—Aquí están.

Rodrigo tomó el primer documento.

En la parte inferior aparecía claramente el nombre de Rosa Martínez.

Junto al nombre…

Una firma.

Pero no era la de Rosa.

Rodrigo recordaba perfectamente la firma de todos los empleados que llevaban años trabajando con él.