Me levanté lentamente y miré alrededor de la cabaña.
Afuera comenzaba a nevar.
El viento golpeaba las ventanas y la vieja estructura crujía como si también estuviera recordando el pasado.
Tomé la memoria USB y la conecté a mi vieja computadora portátil.
Aparecieron varias carpetas.
La primera se llamaba «DOCUMENTOS LEGALES».
La segunda, «CHLOE».
La tercera tenía un nombre que me hizo llorar:
«PARA MAMÁ».
Abrí esa última carpeta.
Había un video.
Leo aparecía sentado frente a la cámara, con una manta sobre las piernas.
Estaba más delgado de lo que lo recordaba. Tenía ojeras profundas, pero seguía sonriendo de aquella manera que siempre me hacía sentir que todo iba a estar bien.
—Hola, mamá.
Me derrumbé.
Era su voz.
La misma voz que había escuchado durante treinta y nueve años.
—Si estás viendo esto, significa que ya no estoy contigo. Perdóname por no haberte contado todo antes. No quería preocuparte.