El remitente era Chloe.
No llevaba el logotipo de un despacho ni el nombre de ningún abogado.
Era una carta escrita a mano.
La abrí lentamente.
«Margaret:
No espero que me perdones.
Sé que hice cosas imperdonables.
Cuando conocí a Leo, pensé que había encontrado la vida que siempre había querido. Me acostumbré al dinero, a las propiedades y a la posición social.
Con el tiempo dejé de ver a Leo como mi esposo y empecé a ver todo lo que tenía.
No quiero justificarme.
Me equivoqué.
También quiero decirte que Daniel me engañó en algunos asuntos y que ahora estoy pagando las consecuencias de mis decisiones.
He perdido muchas cosas.
Pero lo peor es saber que fui responsable de que Leo desconfiara de mí durante sus últimos meses.
A veces recuerdo cómo me llamabas hija.
No merecía ese cariño.
Chloe».