La tercera es para cuando vuelvas a ser feliz.
Y la última es para el día en que decidas empezar una nueva vida».
Lloré durante varios minutos.
Después abrí la primera caja.
Había fotografías de Leo cuando era niño.
Una imagen en la que estaba aprendiendo a montar bicicleta.
Otra en la que tenía seis años y llevaba un sombrero demasiado grande.
Y una fotografía de los dos frente a la cabaña.
Yo tenía treinta y tantos años.
Él estaba sentado sobre mis hombros.
En la parte de atrás había escrito:
«Mi lugar favorito siempre será donde esté mamá».
No pude seguir.
Me abracé la fotografía contra el pecho.
Aquella noche vi la primera cinta.
Leo apareció en la pantalla.
—Hola, mamá. Si estás viendo esto, probablemente ya hayas descubierto que soy un desastre escondiendo cosas.