Elizabeth cerró la carpeta.
—Señora Collins, su hijo dejó suficientes pruebas para cuestionar la herencia que Chloe reclama. Pero hay algo que necesito preguntarle.
—¿Qué?
—¿Ha hablado con alguien sobre la caja de seguridad?
Negué con la cabeza.
Elizabeth bajó la voz.
—Entonces no lo haga todavía. Chloe está intentando averiguar qué documentos dejó Leo.
En ese momento sonó mi teléfono.
Era un número desconocido.
Contesté.
—¿Mamá?
Era la voz de Chloe.
—¿Qué quieres?
—Necesito hablar contigo.
—No tenemos nada que hablar.
Su tono cambió.
—Sé que fuiste a Denver.
Sentí un escalofrío.
—¿Cómo lo sabes?
—No importa. Quiero que regreses a la casa.
—No es mi casa, Chloe. Tú misma te encargaste de recordármelo.
—Margaret, no seas infantil. Hay unos documentos que necesito que me entregues.
Miré a Elizabeth.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No sé de qué documentos hablas —respondí.