Llevaba un abrigo gris y sostenía un portafolios.
—¿Señora Margaret Collins?
—Sí. ¿Quién es usted?
—Elizabeth Warren. Fui abogada de su suegro y después asesora legal de Leo.
Abrí la puerta.
—Mi hijo me habló de usted.
Elizabeth me miró con tristeza.
—Lo sé. Y siento muchísimo su pérdida.
Entramos.
Le preparé café, aunque el mío era bastante malo.
Elizabeth abrió su portafolios y colocó varios documentos sobre la mesa.
—Leo vino a verme aproximadamente seis meses antes de morir. Estaba preocupado por su esposa.
—¿Sabía que Chloe quería echarme?
Elizabeth suspiró.
—No exactamente. Pero sospechaba que intentaría hacerlo.
—¿Por qué no me lo contó?
—Me pidió que esperara hasta que usted tuviera los documentos en sus manos.
Me quedé mirando la chimenea.
—¿Mi hijo sabía que iba a morir?
Elizabeth no respondió inmediatamente.
—Sabía que su enfermedad era grave. Y había recibido información que le hizo desconfiar de algunas personas de su entorno.