—A dos muchachos que no sabían lo difícil que sería la vida.
Se sentó a mi lado.
—¿Te arrepientes de algo?
Lo pensé cuidadosamente.
—Me arrepiento de haber permitido que Ricardo me convenciera de que valía menos que él. Me arrepiento de haber dejado de coser durante tantos años porque decía que era una pérdida de tiempo. Y me arrepiento de haber pasado tanto tiempo creyendo que la carta que recibí significaba que no era digna de ser amada.
Alejandro me tomó la mano.
—¿Y de nosotros?
Sonreí.
—No. Pero tampoco quiero vivir pensando que nuestra historia habría sido perfecta si nos hubiéramos encontrado antes.
—¿Por qué?
—Porque antes éramos diferentes. Tal vez no habríamos sabido cuidar lo que teníamos.
Alejandro apoyó la cabeza en mi hombro.
—Entonces estamos aquí cuando debíamos estar.
Miré por la ventana.
La ciudad seguía despierta.