PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

En uno de ellos escribió:

«Mariana es útil porque entiende los números, pero no tiene ambiciones. Mientras siga creyendo que su trabajo es una obligación de esposa, podemos seguir utilizando sus conocimientos sin contratar a nadie».

Leí aquella frase varias veces.

No lloré.

Simplemente cerré el documento.

A veces, la verdad no duele porque sea nueva.

Duele porque confirma lo que una parte de ti llevaba años intentando negar.

PARTE 7: UNA PROPUESTA QUE NO ESPERABA

Tres meses después, Alejandro me invitó a visitar una de sus empresas.

No era un hotel ni una oficina de lujo.

Era una fábrica de textiles que había adquirido recientemente.

Me sorprendió ver máquinas modernas, trabajadores capacitados y una pequeña sección dedicada a diseñadores independientes.

—Quiero mostrarte algo —dijo.

Me llevó a una sala donde había varias prendas expuestas.

Todas estaban confeccionadas por mujeres que trabajaban desde sus casas.

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