Luego me había preparado té.
También me había dicho que yo sabía perfectamente cómo provocarlo.
“Mamá”, susurré.
“Sí.”
“No quiero estar aquí cuando vuelva.”
Mientras mi madre me decía que ya estaba buscando las llaves del coche, llegó un nuevo mensaje de Mauricio.
“¿Por qué desactivaste tu ubicación?”
Sentí un escalofrío.
Otro mensaje apareció inmediatamente.
“Actívala. Ahora.”
Y por primera vez entendí que aquella noche no solo tenía que decidir qué hacer con mi matrimonio.
Tenía que decidir si todavía necesitaba permiso para salir de mi propia casa.
Parte 2: Mi madre llegó desde Cuernavaca poco después de la 1 de la madrugada.
Entró con el cabello recogido de cualquier manera, un abrigo encima del pijama y una bolsa enorme colgada del hombro.
No preguntó por qué había tardado tanto en contarle la verdad.
Solo tomó a Emma.