Durante mi ecografía de 3 meses, escuché a mi esposo decirle al médico: ‘Quítale el bebé y asegúrate de que nunca vuelva a ser madre’. Vi la jeringa acercarse a mi brazo y no grité. Solo mordí el pequeño botón escondido dentro de mi chaqueta. Él creía que estaba indefensa, pero no sabía quién recibiría aquella señal.

—Cayó en la trampa.

—Perfecto.

Ramiro no sonrió.

—Hay algo más. Interceptamos una llamada de Ximena.

Me entregó unos audífonos.

Escuché su voz.

Y después una frase que me heló mucho más que la traición de mi marido.

—Si Renata Montemayor sigue viva —dijo Ximena—, activen el Protocolo Negro.

Parte 2: La gala se celebró en un hotel de Paseo de la Reforma.

Julián llegó tomado del brazo de Ximena, convencido de que aquella noche salvaría su empresa.

Yo los observaba desde el palco reservado para los principales benefactores.

Cuando Julián me vio, primero se sorprendió.

Luego sonrió.

Caminó hacia mí.

—Mira nada más. ¿Tres días lejos de casa y ya encontraste quién te pague los vestidos?

Ximena fingió incomodidad.

—Renata, Julián te dio una vida que muchas mujeres desearían.

La miré.

—Tienes razón. Sobre todo la parte en que intentaron quitarme a mi hijo.

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