Durante mi ecografía de 3 meses, escuché a mi esposo decirle al médico: ‘Quítale el bebé y asegúrate de que nunca vuelva a ser madre’. Vi la jeringa acercarse a mi brazo y no grité. Solo mordí el pequeño botón escondido dentro de mi chaqueta. Él creía que estaba indefensa, pero no sabía quién recibiría aquella señal.

—Sí.

—Viste lo que ocurría.

—No sabía lo del embarazo ni lo de la clínica hasta aquel día.

—Pero sabías que Julián estaba relacionado con ellos.

Sebastián respiró profundamente.

—Sí.

Me dolió escucharlo.

—Entonces tú también decidiste por mí.

No intentó justificarse.

—Sí.

Aquella respuesta hizo más por él que cualquier excusa.

Sebastián no pidió que lo perdonara.

No me prometió que todo volvería a ser como antes.

Simplemente se quedó cerca cuando necesitaba ayuda y se alejaba cuando yo necesitaba espacio.

Yo tampoco regresé inmediatamente a la mujer que había sido antes de Julián.

Aquella Renata ya no existía.

Tomé el control público de Altair Capital.

Reorganicé el Grupo Montemayor y creé una fundación especializada en asistencia jurídica y financiera para mujeres atrapadas en relaciones de abuso económico, coerción o control.

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