Durante mi ecografía de 3 meses, escuché a mi esposo decirle al médico: ‘Quítale el bebé y asegúrate de que nunca vuelva a ser madre’. Vi la jeringa acercarse a mi brazo y no grité. Solo mordí el pequeño botón escondido dentro de mi chaqueta. Él creía que estaba indefensa, pero no sabía quién recibiría aquella señal.

—Ximena —dije—, investigas tecnología militar, movimientos bancarios y redes empresariales. Deberías haber aprendido una regla básica.

Di un paso hacia ella.

—Siempre averigua quién paga la nómina.

Intentó apuntarme de nuevo.

Un disparo seco golpeó el suelo junto a su pie.

La pistola cayó.

—No vuelvas a levantarla —ordenó una voz.

Sebastián apareció acompañado de agentes federales.

En segundos, el lugar quedó rodeado.

Marta fue liberada.

Ximena terminó esposada.

Julián retrocedió hasta chocar contra una columna.

—Esto no puede estar pasando.

Sebastián puso frente a Ximena una orden de detención relacionada con espionaje, conspiración y robo de información clasificada.

Julián me miró.

—Renata…

No respondí.

—Escúchame. Yo no sabía todo. Ximena me manipuló.

—¿Quieres que tenga lástima de ti?

—Yo sí te quise.

Aquella frase casi me hizo reír.

—Mandaste quitarme el útero.

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