Y después miré a mi hija.
Eso era exactamente lo que estaban esperando.
Querían un padre furioso.
Querían una pelea.
Querían una denuncia contra mí.
Querían convertirme de víctima en amenaza.
Así que hice algo distinto.
Envié la grabación a mi abogado.
Después solicité formalmente que la investigación fuera trasladada fuera del círculo municipal donde Arturo Alcázar tenía influencia.
Esa noche, mientras un portal local publicaba que Valeria había sufrido un accidente doméstico, recibí un mensaje de un número desconocido.
Solo contenía 4 palabras.
Yo grabé lo que pasó.
Debajo había un video de 6 minutos.
Lo abrí.
Rodrigo apareció junto a su camioneta.
En la mano llevaba una barra metálica.
Esteban cerraba el portón.
Valeria estaba en el suelo intentando arrastrarse hacia la puerta de la casa.
Y en el segundo piso apareció Verónica.