Me quedé en la puerta.
Durante más de 1 año pensé que ganar significaba ver caer a los Alcázar.
Pensé que la justicia era escuchar una sentencia.
Ver unas esposas.
Observar cómo desaparecían los privilegios de quienes habían creído que podían comprarlo todo.
Pero estaba equivocado.
Eso solo había sido el principio.
La verdadera victoria estaba sentada frente a mí con 2 brazos recuperados, una cicatriz en la pierna y un cuaderno abierto sobre las rodillas.
Una niña que finalmente sabía que si alguna vez volvía a gritar pidiendo ayuda, alguien acudiría.
Me acerqué y besé su cabeza.
Valeria volvió a mirar hacia afuera.
La lluvia golpeaba suavemente el vidrio.
Las cortinas permanecían completamente abiertas.
Y desde aquel día, nadie volvió a cerrarlas por ella.