Cada vez que cerraba los ojos, recordaba el rostro de Sofía detrás de aquella ventana. Sus ojos abiertos de miedo. La cortina cerrándose de golpe. Y aquellas dos palabras escritas en el papel: «YA CÁLLATE».
La policía llegó veinte minutos después.
Un oficial fotografió los daños, recogió la piedra y tomó declaración.
—¿Tiene algún problema con alguien? —preguntó.
Diego dudó unos segundos.
—Creo que alguien quiere impedir que ayude a una niña de seis años.
El oficial dejó de escribir.
—¿Una niña?
Diego le contó todo desde el principio.
Al terminar, el policía intercambió una mirada con su compañero.
—No vuelva a acercarse solo a esa vivienda. Si existe una situación de violencia infantil, deben intervenir las autoridades competentes.
—Lo entiendo. Pero esa niña está en peligro.
—Entonces vamos a asegurarnos de que el reporte llegue a quien corresponde.