Sofía sonrió.
—Ahora tengo dos mariposas.
—Una para cada una —respondió Mariana.
Y comenzaron a hablar de sus juegos, sus colores favoritos y las cosas que querían hacer cuando regresaran a clase.
Por primera vez en mucho tiempo, Sofía volvió a hablar de cosas propias de una niña de seis años.
No de miedo.
No de dolor.
No de secretos.
De dibujos, juegos y cumpleaños.
Y eso era una victoria enorme.
EPÍLOGO: LA SILLA YA NO ESTABA VACÍA
Un año después, Diego seguía trabajando en la misma escuela.
La investigación había dejado una lección difícil para toda la comunidad educativa.
Se reforzaron los procedimientos de protección infantil, la capacitación del personal y los mecanismos para comunicar situaciones preocupantes sin interferencias.
Diego nunca volvió a ver una silla como un simple mueble.
Recordaba aquella primera mañana.