Hasta esa mañana, siempre había llamado a eso lealtad.
Horas después llegué a la oficina y encontré a Renato esperándome con una carpeta.
“Necesito que tú te encargues de la negociación del mercado.”
Nuestra constructora había ganado un proyecto de remodelación que obligaba a reubicar temporalmente a decenas de locatarios.
“Que vaya Legal.”
“No quieren abogados. Quieren hablar con alguien que pueda tomar decisiones.”
Abrí la carpeta.
“¿Quién representa a los locatarios?”
Renato deslizó una hoja hacia mí.
“Una mujer del puesto de fruta. Se llama Yolanda.”
Levanté la mirada.
Por un segundo pensé que estaba jugando conmigo.
Pero Renato sonreía con absoluta normalidad.
Dos días después entré otra vez al mercado.
Esta vez Yolanda me vio llegar.
Tenía el mandil manchado de tierra, el cabello recogido y aquella canasta colgada junto al mostrador.
Puso una lista frente a mí.