Durante 2 años había creído que mi matrimonio terminó por una infidelidad.
Renato, mi socio y amigo desde hacía casi 15 años, me había llevado aquellas fotografías mientras yo estaba fuera de la ciudad por trabajo. Tenían fecha, hora y el nombre del hotel.
Cuando regresé, reuní a Yolanda frente a mi familia.
“Dime que no eres tú.”
Ella miró las fotografías.
“Osvaldo, no es lo que parece.”
“Entonces explícame qué parece.”
Intentó hablar, pero mi padre comenzó a acusarla, mis tíos intervinieron y la discusión terminó convertida en un juicio familiar.
Yolanda dejó de defenderse.
Yo interpreté su silencio como una confesión.
Nunca volví a sentarme con ella a solas.
Renato me ayudó con el divorcio, consiguió abogados, apartó a Yolanda de la constructora familiar y me convenció de que lo mejor era cerrar aquella etapa cuanto antes.