Durante unos segundos solo se escuchó el motor.
Después Marcos habló otra vez.
Esta vez parecía estar mirando a mi hija.
“Confías demasiado en nosotros, pequeña.”
La grabación terminó.
Yo permanecí sentada frente a la pantalla, completamente inmóvil.
Durante meses Julián había logrado que dudara de mis ojos, de mis recuerdos y hasta de mi instinto como madre.
Aquella madrugada todo cambió.
Ya no tenía miedo de estar equivocada.
Tenía miedo de tener razón.
Y solo una pregunta seguía martillando mi cabeza:
¿Qué estaban haciéndole a mi hija cada jueves?
Parte 2: A la mañana siguiente preparé café como siempre.
Julián bajó vestido para trabajar y besó mi frente.
“¿Ves? Camila sigue dormida. Solo estaba cansada.”
Lo miré sonriendo.
“Tenías razón.”
Él sonrió satisfecho.
Esperé hasta que su camioneta desapareció.
Después corrí al cuarto de Camila.