Nos mudamos a otra ciudad.
Los primeros meses fueron difíciles.
Camila tenía pesadillas.
No quería subir a ningún coche que no fuera el mío.
A veces preguntaba:
“¿Papá sabía que me hacía daño?”
Nunca le mentí.
Pero tampoco permití que la verdad definiera toda su infancia.
“Papá tomó decisiones terribles”, le decía. “Y ahora hay personas encargadas de que nunca vuelva a hacerte daño.”
Poco a poco comenzó a recuperar su risa.
Primero volvió a correr.
Después volvió a dormir con la luz apagada.
Finalmente volvió a confiar.
Un año después recibí una carta de Julián desde prisión.
Reconocí su letra inmediatamente.
El sobre permaneció 3 días sobre mi escritorio.
Antes habría sentido miedo.
O culpa.
Tal vez habría imaginado que dentro había una explicación capaz de cambiarlo todo.
El cuarto día tomé el sobre.