No pedían dinero ni reclamaban nada.
Solo querían agradecerle y contarle que ambos estaban bien.
También mencionaron que disfrutaban la carpintería porque Mike les había enseñado.
En diciembre llegó la respuesta.
Era una carta escrita a mano.
El hombre se llamaba Tom, tenía 61 años y trabajaba como profesor de Química en Oregón, Estados Unidos.
Había donado en 2005, cuando estudiaba un posgrado y necesitaba dinero para pagar la renta.
Nunca imaginó recibir noticias de sus hijos biológicos.
Les escribió que no quería reemplazar a nadie.
Reconoció que Luke tenía un padre que le había enseñado carpintería y que Ben tenía una madre que lo había criado sola.
Él solo era el hombre del que habían heredado ciertos rasgos genéticos.
Se ofreció a compartir antecedentes médicos y familiares.
Además, reveló que tenía 2 hijas, de 23 y 26 años, que estaban emocionadas de saber que tenían hermanos y deseaban retarlos a jugar Mario Kart.