Asentí llorando.
—Ahora resulta que siempre lo tuve.
Respiró profundamente.
—No estoy enojado por Ben.
Tengo miedo de perder a papá.
En ese momento escuchamos una camioneta estacionarse afuera.
Eran las 6:52 de la tarde.
Mike había llegado.
Parte 3
La llave giró en la cerradura, pero el seguro impidió que la puerta se abriera.
—¿Sarah? ¿Todo bien?
Luke palideció.
—Mamá, ¿qué hago?
Le acaricié la mejilla.
—Lo mismo que me pediste a mí.
Decir la verdad.
Abrí la puerta.
Mike entró con su lonchera, las botas llenas de polvo y aserrín en el cabello.
Bastó con que viera nuestros rostros.
Después miró las hojas sobre la mesa.
Reconoció inmediatamente el número 4127.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Papá —susurró Luke—. ¿Es verdad?
Mike se sentó frente a él.
—Sí, hijo.
Luke rompió a llorar.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Mi esposo bajó la cabeza.
—Porque tenía vergüenza.