part 2

Fue la primera frase suya que me pareció adulta.

Salí al pasillo. Oliver tenía migas en la camiseta. Grace me enseñó una galleta a medio comer.

—¿Ya pasó el minuto?

—Casi.

—El señor de la risa está triste —dijo Oliver—. ¿Le hacemos un dibujo?

—Hoy no, cariño.

Entonces se oyó la grava. Un coche frenó demasiado cerca del seto. Cynthia se asomó a la ventana del estudio y se llevó otra vez la mano a la boca.

—Es ella.

Margaret dobló la hoja, la metió en el sobre junto a la ecografía y me lo puso en las manos.

—No lo sueltes. Si Vanessa entra en esta casa, va a pedir ver «qué tontería guardó la secretaria». Si el sobre sigue sobre la mesa, hablará ella. Si lo tienes tú, tendrá que hablar delante de la madre de esos niños.

El timbre del estudio no sonó. Vanessa nunca llamaba. La puerta del jardín se abrió y su voz, clara y acostumbrada a dar instrucciones, cruzó el césped.

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