Chapter 1: El jardín

Oliver decidió en cuatro minutos. La pelota se le escapó y fue a parar a los zapatos de Preston. El hombre la devolvió sin convertir el gesto en una ceremonia.

—Gracias —dijo mi hijo—. ¿Sabes empujar?

—Sé.

Grace fue más lenta. Se quedó a mi lado, la cinta del vestido entre los dedos, estudiando los camiones.

—El rosa no está —observó.

—Mañana puede estar —dijo Preston—. Hoy no quise adivinar.

Ella aceptó la respuesta como se acepta un dato. Luego pidió el libro. Se sentaron los tres en el banco de al lado, no en el mío. Yo oí nombres de animales y una risa de Grace cuando apareció una jirafa con la lengua fuera. Emily me pasó un vaso.

—Respira. No se los está llevando. Te los está leyendo.

—Lo veo.

—Verlo también cansa.

Tenía razón. Cada vez que Preston reía, yo recordaba la carcajada del jardín. El cuerpo no distingue enseguida una risa nueva de una risa vieja. A media tarde, él mismo pareció notarlo. Dejó el libro cerrado.

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