—También es cierto.
Larkin intervino.
—¿Qué está pasando?
Vincent me sostuvo la mirada.
—Pregúntale por los libros de Black Harbor.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
Nadie debía conocer ese nombre.
Excepto yo.
Y la persona que había contratado a mi padre.
—¿Qué son? —preguntó Larkin.
—Nada.
Vincent sonrió.
—Entonces parece que la señorita Woods todavía está escondiéndose.
Y se marchó.
Larkin me llevó a una terraza privada.
—Explícate.
—¿Eso es una orden laboral?
—Penelope.
Era la primera vez que utilizaba mi nombre.
—Mi padre investigó dinero criminal. Murió. Yo necesitaba saber por qué.
—¿Por eso trabajas para mí?
No respondí.
Su expresión cambió.
—Dios mío.
Sí.
Ahí estaba el primer giro.
Yo nunca había solicitado aquel puesto por accidente.
Tres años antes había encontrado una referencia en los archivos de mi padre:
BLACK HARBOR — STEVES — 17.