Era una fotografía antigua.
En ella aparecíamos Margaret y yo, abrazados después del baile de graduación.
En la parte de atrás había escrito:
«Para Tommy, el primer hombre que me enseñó lo que significaba amar de verdad».
Lloré como no había llorado en décadas.
Pero la historia todavía tenía una sorpresa más.
Daniel me contó que Margaret había conservado una pequeña caja durante toda su vida. Dentro estaban las entradas del cine de nuestra primera cita, una flor seca que yo le había regalado y varias cartas que nunca llegó a enviarme.
También había una pequeña pulsera de plata.
—Quería que tuvieras todo esto —dijo Daniel—. Pero hay algo que nunca le pregunté a mamá y que siempre me he preguntado.
—¿Qué cosa?
—Si alguna vez dejó de amarte.
Miré la fotografía durante unos segundos.