Recuerdo perfectamente aquella noche del baile de graduación. Llevabas tu traje azul y yo llevaba el vestido rosa que tanto te gustaba. Bailamos hasta que cerraron el salón. Antes de despedirnos, me abrazaste y me dijiste que algún día seríamos marido y mujer.
Yo también lo creía.
Pero unas semanas después descubrí que estaba embarazada».
Dejé de leer.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
¿Embarazada?
Volví a mirar la carta, pensando que quizá había entendido mal.
Continué.
«Tenía dieciocho años, estaba asustada y no sabía qué hacer. Mis padres eran muy estrictos y estaban convencidos de que debíamos terminar nuestros estudios antes de pensar en formar una familia.
Mi padre descubrió lo que había ocurrido y tomó una decisión por mí.
Me dijo que no podía arruinar tu futuro. Sabía que habías conseguido una beca para estudiar y que tenías grandes sueños. Me aseguró que, si te contaba lo del embarazo, abandonarías la universidad para quedarte conmigo.