ELEGÍ SALVAR A NUESTRAS GEMELAS Y PERDÍ A MI ESPOSA EN EL PARTO. DURANTE TRES MESES CREÍ QUE MI SUEGRA ME ODIABA… HASTA QUE APARECIÓ EN MI PUERTA CON UNA CARTA Y ME DIJO: «HAY ALGO SOBRE MI HIJA QUE YA NO PUEDO OCULTARTE».

Habíamos decidido llamarlas Lucía y Valentina.

Los nombres que Mariana había elegido.

Doña Elena se acercó lentamente.

Observó sus rostros.

Después se cubrió la boca.

—Dios mío… Lucía tiene la nariz de su mamá.

Yo sonreí con tristeza.

—Y Valentina tiene sus ojos.

Mi suegra comenzó a llorar.

No intenté detenerla.

Se quedó varios minutos contemplándolas.

Finalmente regresamos a la sala.

Colocó el sobre sobre la mesa.

—Mariana me entregó esto dos semanas antes del parto.

Lo miré.

Mi nombre estaba escrito en la parte delantera.

PARA DANIEL, SI ALGÚN DÍA NO REGRESO A CASA.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué es esto?

Doña Elena respiró profundamente.

—Una carta.

—¿Por qué la escribió?

Mi suegra comenzó a retorcerse las manos.

—Porque tenía miedo.

Me quedé inmóvil.

—¿Miedo de qué?

—De que algo saliera mal.

Negué con la cabeza.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *