ELEGÍ SALVAR A NUESTRAS GEMELAS Y PERDÍ A MI ESPOSA EN EL PARTO. DURANTE TRES MESES CREÍ QUE MI SUEGRA ME ODIABA… HASTA QUE APARECIÓ EN MI PUERTA CON UNA CARTA Y ME DIJO: «HAY ALGO SOBRE MI HIJA QUE YA NO PUEDO OCULTARTE».

Podía convertirlo en culpa.

O podía convertirlo en una vida llena de recuerdos, ternura y esperanza para nuestras hijas.

Elegí lo segundo.

Porque perder a alguien que amas no significa que tengas que dejar de vivir para demostrar cuánto lo amabas.

A veces, la manera más hermosa de honrar a quien se fue es cuidar la vida que dejó en tus manos.

Y cada vez que escucho a nuestras gemelas reír, recuerdo las últimas palabras que Mariana escribió para mí.

«No fue tu culpa, mi amor. Por favor, vive».

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