Sonreía.
Detrás de la fotografía había una frase.
«Para que nuestras niñas sepan cuánto las esperamos».
Comencé a llorar.
Después desdoblé la primera hoja.
Y reconocí inmediatamente su letra.
CAPÍTULO 3: LAS PALABRAS QUE MI ESPOSA NUNCA PUDO DECIRME
Mi amor, Daniel:
Si estás leyendo esta carta, significa que sucedió algo que ninguno de los dos quería.
Antes de cualquier otra cosa, necesito que sepas algo.
No fue tu culpa.
Me quedé mirando aquellas palabras.
Las leí otra vez.
Y otra.
Doña Elena permaneció en silencio mientras continuaba.
Conozco a mi esposo.
Sé que, si algo me pasa, buscarás mil maneras de culparte.
Pensarás que debiste haber visto alguna señal.
Que debiste haber hecho otra pregunta.
Que debiste haber tomado una decisión diferente.
Pero necesito que me prometas algo, aunque ya no pueda escucharte responder.
No conviertas nuestro amor en un castigo.