CAPÍTULO 2: LA LLAMADA QUE DESTROZÓ A MI PADRE

Papá se levantó tan rápido que la silla cayó hacia atrás.

—¡Doctor! ¿Cómo está mi hija?

El médico tenía el rostro serio.

—Hemos conseguido recuperar su pulso y estabilizarla parcialmente. Sin embargo, sigue en estado crítico. La hipotermia fue muy grave y estamos vigilando de cerca su función cardíaca y neurológica.

Papá parecía incapaz de comprender las palabras.

—¿Puedo verla?

—Todavía no. Necesitamos terminar algunos procedimientos.

—Por favor… Solo quiero decirle que lo siento.

El médico lo observó unos segundos.

—Ahora lo más importante es que ella reciba atención y se mantenga estable.

Papá se dejó caer en la silla.

Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar.

Nunca lo había visto llorar así.

Ni siquiera cuando murió mi abuelo.

Karen se sentó a su lado, pero él apartó el brazo cuando ella intentó tocarlo.

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