La miré durante un largo rato.
—Yo tampoco quería perderte, Emily. Pero tú tomaste una decisión que podría haberme dejado sin casa.
—Estaba desesperada.
—Podrías haberme pedido ayuda.
—Tenía miedo de que dijeras que no.
Suspiré.
—Y por eso decidiste que era mejor quitarme algo sin preguntarme.
Emily comenzó a llorar nuevamente.
No la abracé.
No porque hubiera dejado de quererla, sino porque necesitaba que comprendiera que el amorno significaba permitir cualquier cosa.
—Quiero que me devuelvas todas las llaves que tienes. Y, a partir de hoy, no entrarás aquí sin mi autorización.
Ella asintió lentamente.
David se acercó también.
—Voy a cooperar con la investigación. No sabía que Emily había presentado esos documentos, pero reconozco que participé en las conversaciones sobre la venta.
Lo miré.