Una voz masculina, cansada y débil, comenzó a escucharse.
Era el hermano de Linda.
—Si alguien está escuchando esta grabación, quiero que sepa que mi hermana no actuó sola. Hace muchos años, ella y otra persona prepararon los documentos que terminaron destruyendo la vida de Robert. Yo participé porque necesitaba dinero, pero nunca imaginé hasta dónde llegarían las cosas.
David miró a su madre.
La grabación continuó:
—El verdadero responsable de aquel fraude no fue Robert. Fue el hombre que Linda eligió para ayudarla. Y ese hombre sigue vivo.
Se escuchó una pausa.
Después, el hombre pronunció un nombre.
Un nombre que hizo que Linda se levantara de golpe y que David retrocediera hasta chocar contra la mesa.
—No… —susurró ella.
Miré a David.
Él tenía los ojos muy abiertos.