PARTE”2

—Desde entonces, el perro se niega a acercarse a casi cualquier persona. Mi familia ha intentado todo. Entrenadores, veterinarios, especialistas… Nada ha funcionado.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

Alexander sacó un pequeño sobre.

Dentro había una fotografía de la niña.

La miré nuevamente.

Y entonces vi algo que hizo que mi corazón comenzara a latir con fuerza.

La pulsera roja.

Era exactamente igual a una que yo había llevado durante toda mi infancia.

Una pulsera que mi madre guardaba en una caja junto a mis documentos de nacimiento.

Me quedé sin palabras.

—¿De dónde has sacado esta fotografía?

Alexander se inclinó hacia delante.

—De mi archivo familiar.

—¿Cómo se llamaba tu hermana?

Su expresión se volvió seria.

—Isabella.

El nombre resonó en mi cabeza.

No sabía por qué, pero me resultaba familiar.

Como una canción que había escuchado hacía muchos años y que estaba a punto de recordar.

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