Una noche, mientras cenábamos, Omar hizo un comentario que jamás olvidaré.
—Padre, espero que no hayas cometido el error de casarte con una mujer tan joven esperando tener otro heredero.
Khalid dejó los cubiertos.
—¿Qué quieres decir?
Omar sonrió.
—Todo el mundo sabe lo que dijeron los médicos hace veinte años. No puedes tener más hijos.
Samira soltó una pequeña carcajada.
—Además, ¿para qué querríamos otro niño? Ya tenemos suficientes herederos.
Fátima me miró.
—Y tú, Amina, deberías estar agradecida. No has venido aquí para cambiar nuestra familia.
Me levanté de la mesa y subí a mi habitación.
Lloré durante horas.
Pero aquella noche tomé una decisión: algún día dejaría de permitir que me trataran como si no tuviera valor.
2. El secreto de mi embarazo
Pasaron cinco meses.
Durante ese tiempo, mi relación con Khalid apenas cambió.