PARTE”2

Él asintió.

Y comprendió que aquella vez no podía imponer su voluntad.

Había perdido el control sobre mi vida, y eso era precisamente lo que yo necesitaba recuperar.

Durante mucho tiempo pensé que mi hijo sería el castigo de aquella familia.

Pero me equivoqué.

Adam no había venido al mundo para vengarse de nadie.

Había venido para recordarme que incluso después de una vida llena de injusticias, todavía era posible empezar de nuevo.

Y la mayor victoria no fue convertirme en la madre del heredero de una familia poderosa. Fue conseguir que nadie volviera a decidir por mí.

FIN.

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