—¿Nada?
—¿Qué quieres que haga?
—No sé.
Esperaba una sonrisa malvada.
—Tengo una reunión en siete minutos.
Julia me observó.
—Has madurado demasiado.
—Es horrible.
—Extraño a la Valeria que habría comprado champaña.
—Esa Valeria gastaba demasiado.
—Cierto.
Daniel apareció en mi vida nuevamente cuando CR Studio ya estaba cerrada.
Me esperó frente a North Line.
No me gustó.
Pero no me asustó.
—Necesito diez minutos.
—Cinco.
—Siempre dices cinco.
—Funcionan.
Caminamos hasta una cafetería.
Daniel parecía cansado.
—Camila se fue de la ciudad.
—Bien.
—¿Eso es todo?
—¿Qué esperabas?
—No sé.
Bajó la mirada.
—Quiero pedirte perdón.
Lo estudié.
—Tarde.
—Lo sé.
—¿Entonces?
—No lo hago para volver.
Eso hizo que me quedara.
—Continúa.
—Durante años pensé que como tú me habías perseguido tanto, nunca ibas a irte.
Su voz era baja.
—Cuando nos casamos, sentí que había algo garantizado.