Nunca había entendido todo lo que existía detrás.
Presupuestos.
Permisos.
Negociación.
Proveedores.
Cambios.
Errores.
Responsabilidad.
Cuando un cliente rechazaba una propuesta, ella creía que yo simplemente dibujaba otra.
No veía las noches.
La coordinación.
La experiencia.
Camila había confundido estar cerca del trabajo con saber hacerlo.
Daniel me llamó desde otro número cuando recibió el requerimiento legal.
Contesté porque no sabía quién era.
—Valeria.
Cerré los ojos.
—¿Qué quieres?
—¿Vas a demandar a Camila?
—Mi empresa protegerá su propiedad intelectual.
—Podrías hablar con ella.
—Ya tuve veinte años para hablar con ella.
—Esto es diferente.
—Sí.
—Su empresa apenas empieza.
—Eso tampoco es asunto mío.
—Si la demanda continúa, algunos inversores pueden retirarse.
—Daniel.
—¿Qué?
—¿Invertiste tú?
Silencio.
Sonreí.
—Claro.
—Solo una cantidad pequeña.
—¿Cuánto?
—No importa.
—Entonces tampoco importa si la pierdes.