Daniel observó mi expresión.
—Recuerdo que aquella noche llevabas una bolsa de regalo.
Asentí.
—Era un reloj.
—Lo sé. Me lo contaste después.
Sentí que las lágrimas comenzaban a caer.
Daniel tomó mi mano.
—No quería que ese recuerdo siguiera perteneciendo a alguien que no supo valorarte.
Miré el reloj.
En la parte posterior había una pequeña inscripción:
«El tiempo también puede traer cosas buenas».
Comencé a llorar.
Daniel se acercó.
—Sophie, no puedo cambiar lo que ocurrió aquella noche.
Negué entre lágrimas.
—Lo sé.
—Pero puedo prometerte que nunca voy a pedirte que ignores tus dudas ni que renuncies a tu voz para mantener nuestra relación.
Lo abracé.
Durante varios minutos permanecimos juntos.
No hubo una propuesta de matrimonio.
Ni un discurso espectacular.
Solo dos personas que habían aprendido, a través de una experiencia dolorosa, que la confianza se construye con acciones.