MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Sobre una enorme estructura podía leerse el nombre de Transportes Altamar y la celebración de su décimo aniversario.

En el centro de la alfombra estaba Camila.

Llevaba un vestido blanco con la espalda completamente descubierta.

Posaba para las cámaras con una mano descansando sobre su vientre.

Mauricio estaba cerca, conversando con varios integrantes del consejo directivo.

El conductor abrió mi puerta.

Lo primero que sentí fue el aire cálido de la noche sobre mi espalda.

Hacía cinco años que no caminaba en público con aquella parte de mi cuerpo descubierta.

La sensación era extraña.

Pero no desagradable.

Sebastián me ofreció nuevamente el brazo.

Lo tomé.

Y comenzamos a caminar.

Durante los primeros segundos nadie pareció darse cuenta.

Los fotógrafos continuaron trabajando.

Los invitados siguieron conversando.

Entonces alguien reconoció a Sebastián.

Varias personas voltearon.

Después me vieron a mí.

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