Había varias autorizaciones.
Todas llevaban mi nombre.
Las primeras firmas parecían auténticas.
Las últimas eran diferentes.
Demasiado redondas.
Demasiado cuidadas.
Sebastián señaló una fecha.
—¿Recuerdas dónde estabas el nueve de marzo de hace dos años?
No necesité revisar mi calendario.
—En el hospital. Me realizaron la duodécima operación.
—¿Estabas consciente?
—No. Estuve anestesiada durante horas.
Sebastián asintió.
—Entonces no pudiste firmar esta autorización.
Sentí un frío profundo.
Mauricio había falsificado mi firma mientras yo estaba en un quirófano.
Seguí revisando la carpeta.
Encontré gastos que jamás había autorizado.
Un departamento de lujo frente al mar, pagado con dinero de la empresa.
Rentas mensuales superiores a doscientos mil pesos.
Un brazalete de diamantes registrado como obsequio para inversionistas.
Muebles y decoración para una habitación infantil, facturados como remodelación de oficinas.
Todos los gastos estaban aprobados por Camila Duarte.