Subí al piso cincuenta.
Sebastián me esperaba solo en una sala de juntas enorme, con ventanales que mostraban el puerto y los barcos avanzando lentamente sobre el agua.
Llevaba las mangas de la camisa arremangadas y tenía frente a él una carpeta gruesa.
Me indicó que tomara asiento.
Después deslizó la carpeta hacia mí.
—Valeria, tengo entendido que Mauricio está preparando un divorcio.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
—¿Cómo lo sabe?
Sebastián entrelazó las manos.
—Porque lleva meses preparando documentos para hacerlo. Uno de nuestros abogados externos facturó una estrategia de separación como si fuera una revisión de contratos ejecutivos. La factura llegó a mi oficina.
Me quedé mirándolo.
—Eso me hizo investigar otras cosas —continuó—. Y descubrí algo que tu esposo lleva años ocultándote.
Señaló la carpeta.
—Antes de decidir qué hacer con tu matrimonio, necesitas saber qué te pertenece.