Cuando terminó la llamada, Preston permaneció inmóvil durante un buen rato.
Sobre su escritorio había documentos relacionados con una operación de 600 millones de dólares.
Durante semanas, aquella negociación había ocupado buena parte de su tiempo y sus pensamientos.
Tres edificios de lujo en Gold Coast.
Un acuerdo que podía fortalecer su posición empresarial.
Una operación que, en cualquier otro momento, habría considerado una prioridad absoluta.
Pero ya no podía concentrarse en aquellas cifras.
Cada vez que miraba los documentos, recordaba los ochenta centavos que le habían faltado a Naomi.
La diferencia le parecía insoportable.
Por primera vez entendió que el dinero no podía medir la importancia de todas las cosas.
Y que algunos errores, precisamente los que no podían resolverse firmando un cheque, eran los más difíciles de afrontar.
Tomó una decisión.