Se preguntó cuántas veces Naomi habría tenido que explicarles que no alcanzaba el dinero.
Y volvió a pensar en la fortuna que él manejaba sin apenas detenerse a considerar lo que significaba para otras personas.
Aquella noche regresó a su despacho de Michigan Avenue.
Las luces de la ciudad podían verse desde las ventanas.
Tenía documentos pendientes y asuntos importantes que resolver.
Sin embargo, lo primero que hizo fue llamar a Martin, su abogado de confianza.
Martin llevaba tiempo trabajando con él.
Conocía sus negocios y estaba acostumbrado a recibir consultas delicadas.
Pero aquella llamada lo sorprendió.
—Martin, necesito que averigües si Naomi Vance tiene hijos.
Hubo un silencio.
—Preston, ¿después de tanto tiempo?
La pregunta era comprensible.
Preston llevaba años sin mencionar a su exesposa como un asunto que requiriera atención.
—Por favor —respondió—. Solo hazlo.
Martin comprendió que no era una curiosidad pasajera.