Me levanté.
Uno de los hombres dejó de hablar.
—¿Inconsciente?
—Sí, señor. Presenta una lesión importante en la cabeza y el equipo médico está evaluando su estado.
Noté que se me enfriaban las manos.
—¿Está viva?
Era la primera vez en muchos años que escuchaba semejante temblor en mi propia voz.
—Sí, señor. Está viva.
Me apoyé en el escritorio.
—¿Está despierta?
—Todavía no podemos darle toda la información sobre su evolución. Está siendo atendida.
—Entonces dígame qué necesitan.
La enfermera guardó silencio un momento.
—Señor Marchetti, hay algo que necesito preguntarle.
—Pregunte.
—¿Sabía usted que la señora Brooks está embarazada?
No pude responder.
Durante varios segundos creí haber escuchado mal.
Embarazada.
Elena.
Mi Elena.
—Repítalo.
—La paciente está embarazada, señor.
El vaso que había vuelto a coger se me deslizó de la mano.
Se hizo añicos contra el suelo.