Mi suegra abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Yo miré a mi padre.
—Papá, ¿por qué nunca me hablaste de esto?
Él cerró brevemente los ojos.
—Porque esperaba que nunca tuvieras que utilizarlo.
Daniel soltó una risa nerviosa.
—Esto es absurdo. Estamos divorciados. Ella ya no tiene nada que ver conmigo.
Mi padre lo miró fijamente.
—Precisamente por eso estamos hablando de las consecuencias del divorcio.
Daniel se acercó de nuevo a la carpeta.
—Dame esos papeles.
—No.
—¡Te estoy diciendo que me los des\!
Por primera vez, mi padre levantó la voz.
—¡No vuelvas a hablarme así delante de mi hija\!
El silencio llenó la habitación.
Mi padre guardó los documentos y sacó una tarjeta de un despacho de abogados.
—He venido preparado para resolver esto por las vías legales. Tenemos copias del acuerdo, los comprobantes de las transferencias y los documentos relacionados con las aportaciones de mi hija. Nuestro abogado ya conoce el asunto.